Aires de libertad

El Tiempo

Si de algo pueden estar orgullosos los puertorriqueños en este momento, en el que su país atraviesa una profunda crisis política y económica, es de haberle mostrado al mundo que en un sistema democrático existen mecanismos para elegir y destituir a sus gobernantes.

A los puertorriqueños les bastó con 12 días de protesta popular para obligar al gobernador Ricardo Rosselló y a 14 funcionarios de su administración a renunciar a sus puestos. Y, aunque había suficientes razones económicas, políticas y administrativas para exigirle cuentas a Rosselló, el detonador de la crisis fue la filtración de un chat de casi 900 páginas en el que él y sus allegados insultaban a políticos, opositores, periodistas y artistas.

De Ricky Martin escribieron: “Es tan machista que se folla a los hombres porque las mujeres no dan la talla”. A la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, y a la exconcejal de Nueva York Melissa Mark-Viverito las identificaron como HP (hijas de puta); el concurso de Miss Universo era softporn; y llegaron al extremo de burlarse de los muertos durante el huracán María pidiendo “un cadáver para alimentar a nuestros cuervos”.

La gente de Puerto Rico ha puesto el ejemplo derrocando democráticamente a la autoridad . ¿Cuándo sucederá lo mismo en Venezuela y Nicaragua?

mientras que en Puerto Rico el pueblo celebra el triunfo de la libertad de expresión, en Venezuela y Nicaragua, la gente sigue sufriendo brutales represiones de sus respectivos regímenes autoritarios después de haber tomado las calles para protestar contra sus respectivos gobiernos.

No olvidemos que en Venezuela, las protestas masivas empezaron en 2014, y, aunque fueron prohibidas en 2017, a la fecha, los ciudadanos siguen expresando su repudio al régimen a pesar del endurecimiento de la represión contra la manipulación del sistema electoral, la encarcelación de los adversarios políticos, la disolución de la Asamblea Nacional legitimada por el voto popular y la reelección fraudulenta y antidemocrática de Nicolás Maduro.

En su reciente informe sobre Venezuela, la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la socialista expresidenta de Chile Michelle Bachelet, externó su preocupación “por la magnitud y la gravedad de la repercusión de la crisis actual sobre los derechos humanos… y su inquietante factor de desestabilización regional”.

Bachelet señaló además que “las autoridades se han negado a reconocer las dimensiones y la gravedad de la crisis en materia de cuidados médicos, alimentación y servicios básicos”; constató las denuncias de más de 5.000 muertes en 2018 y 1.500 hasta mayo de 2019, durante allanamientos ilegales a domicilio por las Fuerzas de Acciones Especiales, pero admitió que el número podría ser más elevado al sumar asesinatos durante las protestas; denunció las restricciones de la libertad de expresión y de prensa, así como la emigración masiva de venezolanos.

Por otro lado, en Nicaragua, las protestas de los ciudadanos contra el régimen autoritario de Daniel Ortega empezaron en abril del año pasado, y, a la fecha, el saldo de la represión del Gobierno también ha sido brutal: cerca de 500 personas muertas, miles de ciudadanos golpeados o encarcelados por protestar, éxodo masivo de ciudadanos y un preocupante deterioro económico del país.

Los problemas que hoy agobian a Puerto Rico son muchos, serios y urgentes, pero subsiste la esperanza de que del pueblo que logró derrocar pacíficamente el Gobierno surgirán los nuevos líderes que convertirán este momento de crisis en la oportunidad esperada.

¿Cuándo podremos decir lo mismo de Venezuela y Nicaragua? No lo sé. Pero espero que el ejemplo de la gente en Puerto Rico cunda y haga crecer la presión interna y externa para lograr el cambio de régimen en ambos países, y pronto celebremos su liberación. Los tres pueblos merecen mejores gobernantes.